Las personas con Síndrome de Down presentan un conjunto de cualidades y potencialidades que hay que ayudar a desarrollar, así como de problemas físicos y psíquicos que es preciso atender para promover su desarrollo y posterior autonomía.
Los niños, los jóvenes y los adultos con Síndrome de Down pueden tener algunos problemas similares entre ellos y, sin embargo, cada uno es un individuo con personalidad y características distintas y únicas. Cada uno tiene el derecho a participar en la sociedad con toda la plenitud de que es capaz. Cada uno tiene el derecho a gozar de una plena salud, tanto en su vertiente física como psico-emocional, y por tanto el derecho a recibir los tratamientos médicos y las intervenciones psicoeducativas que sus necesidades demanden. Debemos tener en cuenta que es mucho más lo que les identifica a las personas con Síndrome de Down con el resto de la población que lo que les separa.


¿Qué es el Síndrome de Down? 

El Síndrome de Down o Trisomía 21 es una alteración genética, que se produce debido a la aparición de un cromosoma de más en el par 21 de cada célula, dando lugar a 47 cromosomas en total. El Síndrome de Down se llama así porque fue identificado inicialmente a mediados del siglo XIX por el médico inglés Sir John Langdon Down, quien recogió el conjunto de síntomas que observó en una larga serie de personas. Ese conjunto de síntomas conformaba un síndrome. Sin embargo, fue en 1957 cuando el Dr. Jerome Lejeune descubrió que la razón esencial de que apareciera este síndrome se debía a que los núcleos de las células tenían 47 cromosomas en lugar de los 46 habituales. Este cromosoma extra pertenece a la pareja 21, que ya no es pareja sino trío. Por eso el Síndrome de Down se llama también Trisomía 21.
Los genes dirigen la formación y el desarrollo de todo el organismo humano, al haber más copias de las debidas habrá un desequilibrio o desorganización en las órdenes que han de dar para conformar el cuerpo humano. Este desequilibrio genético provocal modificaciones en el desarrollo y función de los órganos y sistemas.

A pesar de la existencia común y constante de los tres cromosomas 21, el modo en que se desarrolla la acción de sus genes varía en cada individuo. Por este motivo, el número y la intensidad de las alteraciones orgánicas propias de cada persona son muy diferentes. Esta realidad incluye a la discapacidad intelectual; al ser consecuencia de la patología cerebral, las variaciones individuales de esta patología repercutirán en el grado y en la manifestación de la discapacidad que habrá de ser considerada, evaluada y tratada de manera individual. Pero como la propia realidad cerebral y sus consecuencias – la personalidad, la inteligencia, la capacidad adaptativa – están fuertemente condicionadas por el influjo ambiental – educación, nutrición, bienestar –, y éste es también altamente variado para cada persona, el resultado final del funcionamiento vital del individuo con Síndrome de Down es una condición que no es predecible en su inicio y es altamente influenciable en su desarrollo.

Cada persona con Síndrome de Down es única e intransferible, de modo que tanto sus potencialidades como sus problemas abarcan un espectro muy amplio y muy distinto de unos individuos a otros: tanto por la naturaleza de dichas cualidades y problemas como por la intensidad con que se manifiestan. No hay dos personas iguales, a pesar de que todas tienen 46 cromosomas, tampoco hay dos personas con Síndrome de Down iguales aunque ambas tengan 47. 

Finalmente es importante tener en cuenta que el progreso y desarrollo de la persona con Síndrome de Down no es producto exclusivo de los genes sino también del ambiente familiar y social que hace nutrir y progresar esa actividad.